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Estudio del CEPID CancerThera revela que la vulnerabilidad social interfiere en el pronóstico de pacientes con cáncer en Campinas

El impacto de las desigualdades sociales en la incidencia y mortalidad por cáncer en una ciudad brasileña: datos del Registro de Cáncer de Base Poblacional” es el título del artículo publicado en la revista Cancer Epidemiology (volumen 103) por investigadores de CancerThera.

Campinas posee un Índice de Desarrollo Humano (IDH) considerado muy alto (0,805) y una tasa de urbanización del 98,28 %, cifras frecuentemente comparables a las de países de altos ingresos. Sin embargo, un minucioso estudio epidemiológico realizado por investigadores del Centro de Innovación Teranóstica en Cáncer (CancerThera), con sede en el Centro de Hematología y Hemoterapia de la Universidad Estadual de Campinas (Hemocentro/Unicamp), revela una realidad preocupante: la vulnerabilidad social en el municipio es un factor determinante para la mortalidad por cáncer.

Actualmente, según el último censo demográfico, Campinas alberga más de 1,186 millones de habitantes. A través de los datos del Registro de Cáncer de Base Poblacional (RCBP) de Campinas — uno de los pocos del país auditados y avalados por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), entidad vinculada a la Organización Mundial de la Salud (OMS) —, los investigadores mapearon las disparidades en el diagnóstico y la letalidad de los tumores más comunes entre los habitantes: próstata, estómago, mama, pulmón, cavidad oral, cuello uterino y colorrectal.

El estudio analizó datos consolidados de 10 años consecutivos (2010 a 2019), cruzando información del RCBP con el Sistema de Información sobre Mortalidad (SIM) del Gobierno Federal y el Índice Paulista de Vulnerabilidad Social (IPVS), mantenido por el Gobierno del Estado, para evaluar la incidencia y la mortalidad por cáncer, arrojando luz sobre cómo la enfermedad afecta de manera desigual a ricos y pobres dentro del mismo municipio.

Con fines estadísticos, se utilizó el Índice Relativo de Desigualdad (RII), que cuantifica la magnitud de las desigualdades en salud ordenando los estratos sociales desde menor hasta mayor vulnerabilidad socioeconómica con base en la distribución acumulativa de la población. En el estudio, el RII se aplicó para evaluar las disparidades en incidencia y mortalidad por distintos tipos de cáncer en Campinas a lo largo de dos períodos temporales (2010–2014 y 2015–2019). Además de medir la desigualdad aislada de cada período, los investigadores utilizaron el RII vinculado a un término de interacción temporal para evaluar si la inequidad en el acceso al diagnóstico y tratamiento del cáncer empeoró, disminuyó o permaneció estable durante la década analizada.

Dr. Carmino Antonio de Souza, médico oncohematólogo, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Unicamp e investigador responsable de CancerThera, destaca una de las principales paradojas reveladas por el estudio. “La ciudad en su conjunto es poderosa, con uno de los IDH más altos de Brasil, pero no es homogénea. Hay áreas con IDH ideal, comparable al de países escandinavos, por ejemplo, pero existen regiones con numerosas vulnerabilidades”, evalúa el investigador, quien también fue secretario de Salud de Campinas entre 2013 y 2020.

El artículo resultante del estudio acaba de ser publicado en la revista científica Cancer Epidemiology (volumen 103) bajo el título “El impacto de las desigualdades sociales en la incidencia y mortalidad por cáncer en una ciudad brasileña: datos del Registro de Cáncer de Base Poblacional”.

Diferencias entre tipos de cáncer y desigualdades poblacionales

Al aplicar la perspectiva de la desigualdad socioeconómica, el estudio encontró diferencias drásticas e incluso crecientes. Uno de los hallazgos más paradójicos es que la incidencia total de cáncer (la suma de todos los diagnósticos) es estadísticamente menor entre las poblaciones más vulnerables. Sin embargo, la mortalidad general es significativamente mayor en esos mismos grupos. Para los investigadores, esto demuestra un grave problema de subdiagnóstico: las personas más pobres no se enferman menos; simplemente no tienen acceso a exámenes para detectar la enfermedad, lo que explica por qué mueren más y más rápido cuando finalmente llegan al sistema de salud.

En el caso del cáncer de próstata, aunque la incidencia (nuevos casos) disminuyó modestamente en la población masculina de Campinas, la desigualdad en la mortalidad aumentó significativamente: el riesgo de muerte llegó a ser tres veces mayor entre los hombres más vulnerables (más pobres) en el período de 2015 a 2019 en comparación con los cinco años anteriores. Algunas explicaciones radican en barreras socioculturales, como menor escolaridad, menor alfabetización en salud y prejuicios relacionados con el examen de tacto rectal, que contribuyen a la búsqueda tardía de atención médica, generalmente solo cuando los síntomas ya son graves.

Dra. Andrea Paula Bruno von Zuben, epidemióloga e investigadora asociada a CancerThera, refuerza que este hecho se debe a profundas variaciones estructurales. “Los hombres en situación de mayor vulnerabilidad dependen casi exclusivamente del Sistema Único de Salud (SUS), donde enfrentan mayores tiempos de espera para consultas especializadas, exámenes diagnósticos como el Antígeno Prostático Específico (PSA), biopsia y resonancia magnética, y para el inicio del tratamiento”, explica.

Y agrega: “Como consecuencia, gran parte de estos pacientes recibe el diagnóstico en etapas más avanzadas de la enfermedad, lo que reduce las posibilidades de curación y control clínico”. Los hombres con menor vulnerabilidad social, en cambio, tienen acceso más rápido a urólogos, realizan diagnósticos más tempranos e inician el tratamiento oportunamente, aumentando sustancialmente las probabilidades de supervivencia.

Otro dato relevante es el del cáncer de cavidad oral, cuya desigualdad en la mortalidad también permaneció consistentemente mayor, con un riesgo de muerte que llegó a ser 3,3 veces superior entre los más pobres. Según Zuben, fallas en la atención primaria local pueden estar influyendo en el problema. “La proporción de equipos de salud bucal en el SUS es inferior a lo ideal para el tamaño de la población, con un enfoque todavía muy centrado en procedimientos curativos, como restauraciones y extracciones, en detrimento de acciones sistemáticas de rastreo y búsqueda activa”, advierte la investigadora, destacando además que lesiones simples en la boca pueden evolucionar hacia casos fatales debido al acceso tardío a biopsias y cirugías de cabeza y cuello.

En cuanto al cáncer de estómago, aunque Campinas acompaña la tendencia nacional de disminución general de la incidencia y mortalidad entre los hombres, el estudio revela que la enfermedad todavía afecta más intensamente a la población pobre. Los datos muestran que los hombres socialmente vulnerables continúan registrando las mayores tasas de enfermedad y muerte debido a barreras en el acceso al diagnóstico precoz y a una mayor exposición a factores de riesgo tales como factores genéticos, exceso de sal, alimentos almacenados fuera del refrigerador y, finalmente, la bacteria Helicobacter pylori, asociada a diversos tipos de tumores gástricos.

El escenario es peor entre las mujeres, quienes sufrieron la aparición de una nueva disparidad: mientras que al inicio de la década pasada la incidencia afectaba de forma semejante a los diferentes grupos sociales (sin desigualdad), entre 2015 y 2019 el cáncer de estómago pasó a afectar con más fuerza justamente a las mujeres de bajos ingresos. Para los investigadores, el agravamiento de esta disparidad evidencia la urgente necesidad de políticas públicas de salud centradas en la equidad para garantizar que la caída general de los números no oculte el avance de la enfermedad en las periferias.

El estudio de CancerThera también esclarece los promedios generales al analizar la salud de la mujer, revelando un abismo entre las clases sociales. El cáncer de mama, por ejemplo, presenta mayor incidencia entre las mujeres menos vulnerables (las más ricas), pero esto es consecuencia de factores reproductivos (como tener hijos más tarde o no tener hijos, además de un menor número de embarazos) y un mayor acceso a exámenes preventivos (como mamografías y ecografías). La mortalidad también acompaña a este grupo debido a la alta incidencia de la enfermedad; sin embargo, el acceso rápido a la red de salud permite mayores tasas de curación, a diferencia de las mujeres de áreas vulnerables, que frecuentemente descubren la enfermedad en etapas avanzadas.

En el otro extremo, el cáncer de cuello uterino — una enfermedad altamente prevenible mediante la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) — casi desapareció como causa de muerte en las áreas ricas de Campinas, pero continúa siendo significativo en las regiones más vulnerables del municipio, donde es 3,6 veces mayor. “Cuando se observa el cáncer de cuello uterino en la ciudad en su conjunto, desaparece de las 10 principales causas de muerte por cáncer, pero cuando se analiza una región más vulnerable, todavía está presente”, ejemplifica el investigador.

Otra importante alerta para los gestores públicos que aporta el estudio es el crecimiento de la incidencia y mortalidad por cáncer de pulmón entre las mujeres. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, las muertes de mujeres por tumores pulmonares mostraron una fuerte tendencia al alza, reflejo tardío del cambio de hábitos, como el aumento del tabaquismo entre ellas. “Este patrón es consistente con lo que la literatura epidemiológica mundial documenta sobre la transición del tabaquismo por género”, evalúa Andrea von Zuben.

La investigadora afirma que, aunque Campinas cuenta con recursos e iniciativas importantes para abordar el cáncer de pulmón, la ciudad enfrenta desafíos estructurales, como la presión sobre la red pública de salud: “Informes recientes demuestran un aumento de la atención oncológica y de las listas de espera para iniciar tratamiento, destacando la necesidad de mayor capacidad instalada y agilidad en el diagnóstico y tratamiento, especialmente para grupos vulnerables”.

El cáncer colorrectal (o cáncer de intestino) enfrenta dificultades relacionadas con la oferta de exámenes complejos, como la colonoscopia, a gran escala en el SUS. El estudio identificó un período de transición: la desigualdad en la incidencia de esta enfermedad, que antes era mucho más común entre las poblaciones más ricas, está disminuyendo entre las diferentes clases sociales de la ciudad. Sin embargo, se registró un dato preocupante entre los hombres: la mortalidad general por la enfermedad aumentó y la desigualdad sufrió una inversión, indicando que las muertes por cáncer de intestino están comenzando a concentrarse en la población masculina más vulnerable. El cáncer colorrectal, fuertemente asociado al consumo de ultraprocesados, la obesidad y el sedentarismo, puede convertirse en una de las principales causas de muerte prevenible entre los más pobres en los próximos años.

Investigar a fondo para fundamentar políticas públicas

La situación nacional de diagnósticos en etapas avanzadas todavía es vista como un cuello de botella. “Es vergonzosa. Tenemos un volumen de diagnósticos de casos avanzados que no es compatible con el nivel de desarrollo que tenemos. Y claro, si el diagnóstico es tardío, peor es el pronóstico”, lamenta Carmino de Souza, reforzando que los datos locales robustos son la principal herramienta para revertir este contexto.

Desde 2017, una ley municipal (Ley nº 15.371/2017) convirtió al cáncer en una enfermedad de notificación obligatoria en Campinas. Hoy, un equipo técnico de la Secretaría de Salud monitorea activamente decenas de laboratorios de patología, garantizando que ningún diagnóstico pase desapercibido, independientemente de si el paciente es atendido en el SUS o en la red privada.

El objetivo de los autores del estudio, al divulgar e interpretar los datos del RCBP, SIM e IPVS, es subsidiar la gestión pública de salud local y estatal para enfrentar las inequidades. Para ellos, el uso sistemático de información geográfica y de alta calidad es la principal estrategia para orientar el rastreo, fortalecer la atención primaria, anticipar diagnósticos y, efectivamente, salvar vidas mediante un tratamiento adecuado.

Históricamente, el propio RCBP de Campinas ya sirvió para modificar el rastreo en la ciudad: al notar un alto número de casos agresivos de cáncer de mama en mujeres más jóvenes, el municipio anticipó la edad para realizar mamografías incluso antes de la recomendación federal. “La política pública en cáncer no es disminuir el número de casos, porque no va a disminuir. La política pública es realizar cada vez más diagnósticos e intentar prevenir el avance de la enfermedad”, defiende el investigador.

MÁS INFORMACIÓN

Áreas de cobertura de las Unidades Básicas de Salud (UBS) en el municipio de Campinas, de acuerdo con los Estratos de Vulnerabilidad Social (EVS).

Para comprender las desigualdades, los investigadores no analizaron la ciudad como un bloque único; utilizaron el mapa de atención de todas las UBS del municipio y calcularon una “nota” social para cada una con base en datos socioeconómicos del Estado de São Paulo. El mapa resume este cruce de datos dividiendo el territorio en tres grandes zonas: EVS1 (Áreas Claras) – Barrios y regiones con menor vulnerabilidad social (poblaciones más ricas); EVS2 (Áreas Intermedias) – Regiones de transición; EVS3 (Áreas Oscuras) – Regiones periféricas con mayor vulnerabilidad social (poblaciones más pobres).

La superposición de los casos de cáncer sobre el mapa permitió a los investigadores comprender que el lugar donde vive una persona y su condición social interfieren en su acceso al diagnóstico y en sus posibilidades de sobrevivir al cáncer en Campinas.


Nota aclaratoria: El estudio en cuestión se limita a análisis epidemiológicos y no investigó directamente los determinantes causales de los hallazgos. Por lo tanto, las interpretaciones presentadas se basan en el conocimiento acumulado de la literatura científica en epidemiología del cáncer, lo que puede no reflejar integralmente las especificidades del contexto local de Campinas.


Son autores del trabajo:

Dra. Andrea Paula Bruno von Zuben — Epidemióloga, coordinadora de información del Hospital Municipal Mário Gatti (Campinas, São Paulo) e investigadora asociada al CEPID CancerThera.
Dra. Maria do Carmo Ferreira — Investigadora posdoctoral del Programa de Proyectos de Investigación y Enseñanza del Instituto Nacional del Cáncer.
Dra. Marilisa Berti de Azevedo Barros — Profesora Titular de Epidemiología en la FCM/Unicamp.
Mg. Juliana Nativo — Coordinadora del Registro de Cáncer de Base Poblacional en el Departamento de Vigilancia en Salud.
Dra. M. Elvira P. Correa — Investigadora posdoctoral en Gestión Ejecutiva de Investigación en el CEPID CancerThera, en el Hemocentro/Unicamp.
Dr. Carmino Antônio de Souza — Profesor Titular de Hematología en la FCM/Unicamp e investigador responsable del CEPID CancerThera en el Hemocentro/Unicamp.


Texto: Romulo Santana Osthues

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